De una ferretería es de dónde viene mi querido gato, que se llama Gato.
Todos los animalitos que hemos tenido, han sido orgullosamente adoptados.
Y han hecho de nuestra casa, su hogar. Si alguien pregunta cuántos somos en la familia, les puedo contestar: somos 4 de familia, más 2 perros y 2 gatos. Podemos decir que 8.
Pero ese gato que se llama Gato, llegó a casa por súplicas de mi pequeño Alex hace 6 años, iba a ser su cumpleaños y me dijo…
-Mami, lo que más quisiera para
mi cumple, es un gatito.
-¡Un gatito!, como crees?.
-Ándale mami! Es lo único que te
pido, no quiero regalo, sólo
quiero un gatito.
La verdad no me pude negar ante tal súplica y a los ojitos de Bambi que me puso y me di a la tarea de buscar un gatito. Rápidamente me enteré que en la ferretería por donde vivíamos, habían unos gatitos recién nacidos que estaban en adopción. Llevé a mijo para que lo escogiera y fue al Gato al que quiso.
Y bueno, el Gato llegó con la condición de que se quedaría afuera, porque yo no quería gatos dentro de la casa…seee claro.
Así que los primeros 15 días como era muy chiquito, apenas con casi un mes, se quedó en un cuartito de triques que tenemos.
Para esto, nosotros teníamos a Luna, una perrita de gran tamaño que cualquiera que la viera, diría que era un lobo. Mestiza ella y también adoptada. Resulta que había que presentarlos, pues el Gato viviría afuera con ella. Así que ante el primer intento y después de un gran zape por querer darle un bocado al Gato, Luna entendió que no era comestible.
Pasaron unos cuantos días y Luna empezó a familiarizarse con el Gato hasta que pudieron convivir sin supervisión.
El Gato estaba tan pequeñito que necesitaba de una mamá y Luna lo adoptó, a tal grado, que no nos dejaba tocarlo.
Fueron inseparables, dormían juntos, jugaban juntos, todo juntos, tanto, que el Gato olía a perro y vivía como perro, así que por un año nunca entró a la casa.
Después llegó el Roger, un perrito muy inquieto y que como que no le hizo mucha gracia al Gato, así que optó por ya no estar en el patio con Luna, fue entonces cuando lo bañamos y le dimos chance de entrar, solo para que comiera nada más…seee claro.
A final de cuentas el Gato se apropió de la casa y nos hizo sus esclavos.
Yo no sé cómo una cosa tan chiquitita pueda dominar a toda una familia. Literalmente estamos a su servicio!. Son pagados de sí mismos, arrogantes, despectivos, insufribles, vanidosos, holgazanes, geniudos, convenencieros, pero muy adorables, juguetones, mimosos, acariciables, cariñosos, lindos y fotogénicos. Es como querer abrazar y ahorcar al mismo tiempo.
El caso es que ese Gato nos ha salido más caro que mis propios hijos y no por comprarle cosas, sino que hemos gastado mucho en él, con tantas idas al veterinario.
Dicen que los gatos tienen siete vidas y yo creo que el mío tiene más que esas. Hemos tenido que correr de urgencia en varias ocasiones para que lo atiendan y muchas de ellas son por peleas que ha tenido.
Mi Gato tiene una deficiencia en su sistema inmune que hace que las heridas se le infecten muy fácilmente y le provocan abscesos, a tal grado que lo han tenido que operar.
Así que el Gato a ido y venido al veterinario infinidad de veces.
¿Qué porqué se llama Gato? Muy buena pregunta, porque cuando era chiquito nunca entendió por ningún nombre y terminamos diciéndole…ehhh tú Gato!.
Y sí…así fue. Que mi gato que se llama Gato es el amo y señor de mi casa! Y no le importa estar acostado en medio de la cocina mientras pasamos por encima de él para hacer de comer y pobre de aquél que lo toque, porque el patrón se enoja. Indeciso el muchacho, quiere entrar, quiere salir, quiere entrar, quiere salir, quiere mimos, pero no tantos, quiere atención, pero no mucha, quiere compañía, pero solo un rato, quiere todo y luego no quiere nada…en fin, algún día lo entenderé.