No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 6 años

VIBRANDO ALTO

Hace tiempo, vi un videito de un bombero que brincaba una manguera de agua, que estaba coleteandose en el piso, lo hacía con tanta gracia con un pie y el otro, que era prácticamente imposible no poderse contagiar de esa energía.
Y era algo simple, solo brincaba con un pie y otro y su cabeza la llevaba al ritmo de sus saltos…
Cuántas veces nos hemos dado la oportunidad de hacer algo espontáneo, así de simple, sonreírle a la vida con pequeñeces.
Recuerdo que cuando mis hijos estaban pequeñitos, un día nos agarró un aguacerazo en casa de los abues, había hecho mucho calor y la lluvia caía a torrenciales, mis hijos miraban por la ventana del cuarto de mis papás hacia la terraza viendo cómo llovía tan fuerte y así, sin pensarlo, mi mamá les dijo a los niños…vengan! Vamos a salir!
Y con todo y ropa, sacamos a los niños a la terraza. Mi mamá se reía con mis hijos como cómplice de una gran travesurita. El agua estaba fresca, casi fría y a lo que cualquier mamá aprensiva pudiera pensar, a mi me dio mucho gusto que sin consultármelo sacara a los niños.
Brincar y jugar bajo la lluvia cuántas veces lo hemos hecho? Por lo menos una vez en la vida inténtalo. Siempre corre uno y se guarda, pero si tienes chance, inténtalo.
De hecho a mi me gustaría hacerlo un día aquí en mi casa, cuando la lluvia sea torrencial, porque tengo curiosidad de ver un paso de agua qué hay por detrás de mi casa. Tienen diques para contener la corriente y me encantaría verlo. Algún día lo haré.
¿Te haz enlodado alguna vez? Así hasta los ojitos?. Yo no, pero mis hijos si y como mamá, es una gran experiencia ver a tus hijos vivir intensamente esa etapa de su vida.
Pues en la época de la primaria y la secundaria, mis hijos estuvieron en el fútbol americano y ya se imaginarán los partidos bajo la lluvia. Era como si los hubieran cubierto de chocolate líquido. Definitivamente era la digna representación de un niño niño. Batidísimos hasta las orejas, teníamos que llevar bolsas grandes de basura para guardar su jersey, hombreras, fundas, casco y tachones, las calcetas se tiraban y nada más se iban en chones y playera. Todos encuerados regresaban a sus casas y era un trabajal quitarle todo ese lodo a la ropa, como tres remojos antes de ponerlo en la lavadora y con dos ciclos de lavado. Pero saben qué, valía la pena, valía la pena ver a tus hijos crecer realmente como niños, libres y felices, ahí no había de que no les dé el sol porque se insolaban, que no se mojen porque se enfermaban, que no estén afuera porque hacía frío. Nunca se me enfermaron y eso que estuvieron expuestos a climas extremos, muy extremos.
Hay muchas maneras de vibrar alto y una que tengo muy presente, es del año pasado que fuimos a Guanajuato, bajábamos del Pípila por una gran y pintoresca escalinata que seguía las formas curiosas de las casas, el día estaba fresco y soleado y se respiraba una paz en el aire, que nos invadía a todos. Al ir bajando por esas escaleras, mi pequeño Alex bajaba de brinquitos de un lado al otro, de repente se adelantaba mucho y luego se regresaba, subía y bajaba mientras nosotros continuábamos bajando. Tal vez puede ser de lo más insignificante para cualquiera que lo viera, pero esa sonrisa en su cara, ese semblante, su expresión, todo, irradiaba una vibración muy alta en él…saben lo que es eso?, es estar en armonía con todo y no es que uno no se sienta feliz, pero ese equilibrio es muy especial y uno lo valora más, cuando sabe de momentos donde sin razón alguna, podemos sentir un día gris. Así nada más.
Y sí…así fue. Que hoy más que nunca me siento dichosa de la gente que me rodea, de los amigos que están en mi vida, de mi familia, de los incondicionales que tengo y todo eso, gracias a estar en una misma frecuencia…vibrando alto.

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