No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 6 años

LA ALEGRÍA DEL HOGAR

Y no realmente me estoy refiriendo a Esperancita o a Soledad como cuando antes se nos iba la muchacha.
Que para muchos, si viene siendo la alegría del hogar y es terrible cuando se va, todo un caos en casa por no estar acostumbrados a hacer ciertos quehaceres y pues si, la casa no se limpia sola.
Creo, que un poco de humildad nos ha caído bien en estos tiempos complicados…en fin.
Fíjense, cuando uno se casa y empieza la vida en pareja, uno se siente pleno y cree sentirse el más afortunado del mundo. Después llegan los hijos y empiezan a llenar nuestras vidas de manera indescriptible, ese cariño que sólo era de dos, de pronto y de manera fantástica se expande con cada uno de los hijos que van llegando. Uno vuelca totalmente su cariño con el primero, sin darse cuenta que todavía tenemos más amor que dar con el segundo y el tercero y así sean los que sean, es un amor interminable. Siempre tenemos la capacidad de dar más y más cada vez.
Favoritos, no los hay, más cada uno es diferente, no podemos tratarlos por igual, ni tampoco exigirles los mismos resultados.
Y cuando uno cree estar completo, sin pensarlo nos damos cuenta que todavía tenemos más lugar en nuestro corazón para poder querer más y más, pero ese cariño se multiplica, porque ya no nada más es el nuestro como padres, sino que también los hijos aprenden a querer y esto es cuando viene la llegada de una mascotita.
Parece algo simple, trivial, de lo más común, pero no es así. Es un momento importante que va a cambiar nuestras vidas para siempre. Es tomar la decisión de hacernos responsables de un pequeño ser, que va a llenar nuestras vidas inmensamente. No sólo es ofrecerles techo y comida, es darles el respeto que se merecen y todo el cariño del mundo para que se sientan queridos.
Muchos sabrán de ese sentimiento del que les hablo, ya que ellos pasan a formar parte de nuestra familia y si tienes un gatito o dos, un perrito o dos, canario, conejo, hámster, o lo que sea, se vuelven a final de cuentas, la alegría del hogar.
A cada momento les hablas, platicas con ellos, les preguntas cosas, como si pudieran entenderte, realmente no te entienden, pero saben diferenciar el tono de tu voz. Aprenden ciertas disciplinas en casa y todo va armonizándose cada vez más.
Aunque hay veces que quieres apretarles el pescuezo cuando se meten con tus macetas, tus sillones y cualquier cosa que puedas tener que sea rompible.
Para eso, hay que ser más astutos que ellos y evitar un mal
momento. No dejar nada a su alcance que no quieras que agarren.
Y a pesar que nos han hecho ver nuestra suerte, realmente no puedo concebir mi vida sin uno de ellos, mi familia estaría incompleta, mis hijos no llegarían a casa después de sus actividades con ese gusto de encontrarse con los gatos o los perros, todo sería muy triste, faltaría esa alegría del hogar que es la chispa que nos trae a todos entretenidos, contentos y alegres.
Festejamos sus ocurrencias, consecuentamos sus chiflazones, los llenamos de mimos y sobre todo, los queremos mucho mucho.
Y así como se les quiere mucho, también por eso mismo hay que saber soltar en el momento preciso. Hay mascotitas que en el paso por nuestras vidas empiezan a llegar a su fin y no queremos soltarlos por la perdida que vamos a tener, pero no debemos de pensar en nuestro dolor, sino en el dolor que sufren ellos continuando en vida…a veces hay que dejarlos partir para que ya no sufran más.
Y así como hablamos de alegrías en el hogar cuando los tenemos en casa, también hay que estar conscientes de que su estancia en este mundo es solo una parte de la nuestra.
Y sí…así fue. Que todos aquellos que tengan la dicha de tener una mascota en casa, saberles dar el cariño y su lugar adecuado dentro de la familia. Compañeros de vida, guardianes de casa, fieles amigos y ser la alegría siempre, siempre…de nuestro hogar.

Some HTML is OK