No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 6 años

QUEREMOS LLUVIA, PERO NO TANTA.

No sé ustedes, pero los días de lluvia me remontan a mi infancia.
Hay un dicho que dice: “Es como oír llover”, haciendo alusión a algo que no te importa o que no distrae tu atención.
Y si…tal vez el ver llover es de lo más común y ya ni lo escuchamos, ni lo vemos, está ahí pero no le das importancia.
¿Será realmente cierto?, no lo creo, nos podemos acostumbrar a oír llover en su momento, sí, más no creo que sea algo del cual no haga un cambio en nuestra vida.
Hemos pasado acá en Monterrey días de un calor abrumador, pues estamos cruzando apenas la canícula y terminará hasta el 22 de agosto, el Sol no ha tenido compasión de nosotros y eso que no hemos llegado a los 45 grados.
Luego, los carros se sobrecalientan y no llegan a sus destinos, la máquina dice basta! y deja de funcionar.
Sé que no somos los únicos con temperaturas extremas, porque hay peores, pero mientras tanto, las plantas, los animales, los arroyos y nosotros mismos imploramos un poco de agua que refresque estas tierras tan calientes.
Así que el oír llover es algo suculento cuando lo esperas con ansias. La temperatura baja al mil y el ambiente se refresca. En estos días de canícula, son pequeñas treguas que nos da el cielo, para soportar estos climas extremos.
Me gusta el Sol y la fuerza que te da, siempre es signo de vitalidad, pero como dice mi Gato, que quiere mimos, pero no tantos, así nosotros, queremos Sol, pero no tanto.
Los días de lluvia, hacen ese equilibrio que tanto necesitamos. También, queremos lluvia, pero no tanta.
Esos amaneceres frescos después de días infames de calor interminable, es algo que me hace regresar a una bella infancia que tuve. A muchos, los días lluviosos les deprime y es muy cierto, tan es así que en países donde la lluvia es casi permanente, el grado de depresión en la gente es muy alto.
Pero esos días de lluvia, me recuerdan a los mejores juegos de mi vida que tuve dentro de casa. Mi mamá, nos hacía laberintos con sillas, mesas y todo lo que pudiera servir para poner una sábana sobre de ello. Recuerdo el aroma a tierra mojada, el ambiente fresco, el sonido de la lluvia y ese no sé qué en el alma que te hacía más feliz.
Era muy interesante el gatear por entre los muebles con una sábana encima…realmente me voy en mis pensamientos…
Tal vez no lo hicimos siempre, pero con las veces que hayan sido, bastaron para marcar un bello recuerdo de por vida.
Y aunque los días nublados no sean muy beneficiosos para muchos, es lograr valorar lo que tenemos y que por hecho damos.
Recuerdo este invierno pasado, que implorábamos por un poco de calor y ahorita que lo tenemos, ya no sabemos qué hacer con él…en fin.
Y sí…así fue. Que queremos mucho, pero no tanto, queremos más, pero no demasiado, queremos siempre, pero no toda la vida…osea sí, pero no.

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