No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 6 años

¿ME ENTIENDES MÉNDEZ O NO ME EXPLICO FEDERICO?

Y ya me imagino a mis hijos diciendo…esas son frases de tíos, de gente anticuada.
Y bueno, no sé ahora, pero yo recuerdo muy bien que estando en la primaria, uno de los temas que vimos en Español, fueron dichos y refranes.
Era casi obligatorio!, todo mundo debía de saber ciertos dichos como cultura general y sí que lo es!.
Me sorprende que se me queden viendo mis hijos con cara de ¿what?, cada vez que escuchan algo que no entienden pfff!.
Son listos, pero no tanto en ese aspecto. De hecho, se los estarían albureando si vivieran en la Ciudad de México.
Allá si, el que no cae, resbala y es la ley de la selva, el más fuerte es el mejor. La provincia, siempre es más mocha y más conservadora, que aunque Monterrey es una gran ciudad, desafortunadamente muchos juegan a la doble moral.
Pero eso si, aquí la amistad, el compañerismo, las juntaditas y las reus, son cosas que se cultivan mucho.
Digamos que allá en México son más vivillos desde chicos y no hay de otra, son muchos y de alguna manera hay que sobresalir.
…Un día, llegó la vecinita que teníamos cuando éramos chicos, alarmadísima porque mi hermano menor andaba diciendo en voz alta “groserías” allá en el patio.
-Señora Bertita!!!, Mauricio esta diciendo groserías!.
Que para mi gusto y la edad que tenía, no ha de haber pasado de un tonto o un menso.
El caso es que le llamaron la atención a mi hermano, pero después de un buen rato le dice a mi mamá todo acongojado…
-Mamin, ya no voy a poder ser feliz…(y el llanto por supuesto).
-Porqué mijito?
-Porque ya no digo groserías, pero las pienso!.
Y bueeeno, el Mercado de Lágrimas se quedaba corto.
Pobre de mi hermano, espero ya haya superado ese trauma tan grande ja!.
Pero a veces, si los adultos no entienden, mucho menos los niños y los correctivos tienen que ser muy precisos.
Como el pobre de Bruno, un niño qué tal vez se le salió decir un tonto o un menso frente a su mamá y que le dice…BRUNO!!, sabes muy bien que me reemputa la madre que digas chingaderas!!!.
Y bueno, de alguna manera tenía que aprender el escuincle a no decir malas palabras, verdad?.
¿Me entiendes Méndez o no me explico Federico?.
Me imagino que ha de ser un tipo de síndrome de tourette y no lo dudo, a mi me pasa seguido y más cuando me caigo, me pego o me asusto, de inmediato y sin pensarlo se me sale un “ay wey!!”y eso si, no importa dónde esté ni con quién esté, es un acto reflejo que en vez de gritar, se me sale el ay wey!.
Digamos que toda mi elegancia se pierde ahí. La verdad me da mucha risa, ese quiebre que puede existir, aún en el momento más ceremonioso, por una situación que rompa con todo el protocolo.
Pero, lo peor del caso, es que me puede dar un ataque de risa.
¿Alguna vez han tenido uno?, así de la nada por la situación más boba.
Una vez estando en clase, cuando estaba en la prepa, a mi amiga Golicha y a mi, nos ganó una risita contagiosa, no podíamos evitarlo, sólo se oía un ligero jiji ji y nos tratábamos de esconder detrás del que estaba sentado en frente y ZAZ! que nos cachan! Y la maestra por supuesto nos llamó la atención, lo peor del caso es, que entre más nos decía cosas, más nos reíamos y teníamos que aguantar las carcajadas. Bastante irreverentes no hemos de haber visto, pero créanme, un ataque de risa, es incontrolable.
Y sí…así fue. Que entre irreverencias, dimes y diretes (que su origen viene del “dime y te diré”), vamos conformando una manera muy extensa de hablar, expresarnos y comunicarnos. A veces nos saldremos de todo léxico y así como la palabra cantinflear ya existe dentro de la Real Academia de la Lengua Española, así seguiremos expresándonos con tan fluido y pintoresco lenguaje…en fin.

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