Siempre, al entrar al cine, ese olor característico a palomitas, es clásico de ahí, como si poniendo un pie adentro, ya nos estuviera transportando a un mundo mágico junto con la peli que vayamos a ver.
Era algo muy habitual verdad?, pero justo en estos tiempos, lo añoramos más.
De chica, a lo mucho lo que pudiera ponerle a las palomitas, era salsa Valentina, pero en lo personal, no me gustaba que se aguadaran. Comía un poco, nada más.
Yo prefería mis tan gustados Pon Pons, o mis fabulosos Sugus, o ya de plano si me daban un súper lujo, un Mordizco y una lechita de chocolate en lata, se acuerdan? Bonafina se llamaba.
La verdad es infame ir a la dulcería en el cine, se gasta muchísimo, así que las cosas de contrabando nos ayudan mucho. Pero si la idea es salir de ahí ya cenados, es una buena opción las chapatas enormes y los Hot Dogs que están bastante recomendables.
Los tiempos han cambiado y mis hijos han crecido y lo menos que me pueden pedir es un dulce. Prefieren mil veces llevar una lata de paté de atún y estar botaneando con galletas. Las palomas son requeridas pero no mucho por ellos.
Pero los tiempos cambian y ya toda una variedad de sabores con las palomas nos ofrecen. Que si acarameladas, que si enchiladas, que con queso, con Mantequilla, con extra mantequilla.
El asunto es que mi marido tiro por viaje, me dice, voy por unas palomas y yo le digo, compra unas chicas, tus hijos no comen y me dice, si está bien y luego regresa con unas grandes. Y yo…y eso?, es que costaban casi lo mismo y las hice grandes.
Al final de la película siempre se queda como la mitad del bote ya que los únicos que comemos somos él y yo.
Pero esa magia del cine, ojalá y nunca se pierda, el planear una salida con la familia o los amigos, el llevar cositas para comer durante la película, el adentrarse en el tema y ya sea sufrir, gozar, disfrutar, reír o mantenernos con el Jesús en la boca todo el tiempo, eso es vivir la experiencia, salir y comentar la película, si nos gustó o no, si la producción fue buena, si la volveríamos a ver. Bueno, por lo menos, nosotros somos muy cinéfilos y más mi marido y uno de mis hijos, saben mucho del tema, de directores y productores, de artistas, temas de películas, cuáles nominadas al Óscar, las de culto, las clásicas, todo eso lo saben ellos.
Es un universo diferente el cual nos hace vivir la experiencia del cine. El otro día, terminando de ver una película le dije a mi hijo que fue muy deprimente y que no me había gustado y me dice…entonces logró su objetivo, a ti no te gustó por sentirte mal, pero el objetivo era ese, el que te hiciera sentir eso. Pues si, tiene razón, si el objetivo de la película era hacer sentir a la gente ese vacío y esa depresión que querían mostrar, la verdad lo lograron y muy bien. Después de eso vi una de Kun Fu Panda para alegrar mi almita.
Y dirán y ahora porqué se le ocurrió hablar de las palomitas…la verdad fue un sentimiento de un recuerdo que me trajo mi mejor amiga que tuve y que ya no está aquí en este mundo. Justo ayer nos preparábamos para ver una peli y como no tengo bolsitas ahorita para el micro, le dije a mi hijo, deja voy y las hago de volada en una olla. Bajé y las puse en la olla y mientras movía constantemente la olla para que se calentaran parejo todas las semillas, un flashback me llegó de repente, recordé que ella, hace muchos años, estando en su casa una tarde como tantas veces cuando éramos adolescentes, me enseño hacer las palomitas, digo, parece sencillo, pero aún así tienen su chiste.
La verdad sonreía al ver mis palomitas mientras se hacían y un dejo de tristeza se quedó conmigo. Mi querida amiga, la he tenido muy presente en mis sueños…
Y sí…así fue. Que no sé cómo alguien las haya descubierto, pero lo que sí sé, es que grandes momentos hemos pasado con un buen bote de palomitas para compartir…Ohh Sii!