¡Hola, hola!, espero sigan aquí conmigo, no me he ido!.
Solo han sido pequeñas pausas en mi vida, gracias a Dios con mucha chamba.
Y saben, el tiempo pasa y no dejan de llegar a mi mente, esos pequeños recuerdos, que hacen de nuestra vida una gran película.
Es un flashback tan intempestivo, que a veces uno no sabe de dónde vienen esas imágenes guardadas de esos archivos tan escondidos que son nuestras vivencias.
…Justo hace unos días, tuve que comer entre un destino y otro, un subway de atún, ya saben, tratando de que no se me cayera nada. Así que lo que hice fue agarrar el papel donde venía envuelto y le hice una pequeña falda de la mitad para abajo…¡un taco con falda!…diría mi mamá.
Pues así nos hacía ella, cuando éramos chicos, nos daba una tortilla enroscada recién calientita con una pizca de sal y le ponía una servilleta doblada de la mitad para abajo para que no nos quemáramos…un taco con falda ni más ni menos!.
El tiempo pasó y después yo tuve mis propios hijitos. Y cuando eran pequeños y les daba piernitas de pollo asado, siempre les ponía falda para que lo pudieran agarrar más fácilmente y no quemarse ni ensuciarse tanto.
Las tradiciones se pasan de generación en generación y no hay nada escrito, dicen que la palabra enseña pero que el ejemplo arrastra y así ha sido siempre.
Enséñale a tus hijos con el ejemplo, con cosas tan sencillas como ponerle falda a tu taco, o picar la gelatina en tu vasito para que tu bebé se la coma más fácil.
Mis hijos ya no eran bebés y aún picaban su gelatina, por costumbre…digo, yo sigo picando mi gelatina! Y sabe más rica si le pongo rompope.
Todo viene de casa y cada quién tiene sus formas de vida, sus modos y sus costumbres.
Hay algo que se llaman “buenas costumbres” y no es que seamos los más educados, pero por lo menos cumplimos con las reglas básicas de etiqueta en la mesa.
Un día, no recuerdo con quién estábamos, si en la casa o dónde, que al estar comiendo, alguien de los que estábamos, a la hora de estar con la sopa, que se empina el plato en la boca!. Mis hijos se querían meter debajo de la mesa por la pura pena ajena, nosotros nunca hacemos eso!. Mínimo hubiera preguntado cómo un amigo cuando era chico a su mamá…¿Me lo puedo empinar en mi hociquito?.
Toda buena o mala educación viene de casa sin lugar a dudas.
Y bueno, regresando al taco con falda, a quién no le pusieron un trapito amarrado en el dedo cuando se cortaban?, a qué sí verdad?. Yo creo que era más el teatro de ir, limpiar, curar y después buscar un pedazo de trapo como gasa para ponértelo amarrado en el dedo que mágicamente te mantenían entretenido en todo el proceso, y hacía que el dolor ya no fuera tanto. Al final de cuentas, terminabas con el dedo paradito con un pedazo de trapo enredado. Así que buen rato estabas “ocupado” de que no se te cayera el trapito.
Bastante astutos los papás diría yo.
A algunos nos pusieron salivita en una herida, a otros Iodex en los chipotes, Merthiolate rojo en las cortadas, que por cierto, dolía más que la cortada, Vaporub en el pecho cuando tenias gripa, ajo en los piquetes y manteca vegetal en las pompitas de los bebés para que no se rocen.
Y sí…así fue. Que todo eso ha pasado de generación en generación y bueno, hay cosas que han cambiado, como por ejemplo el Arnica, vino a sustituir al oloroso Iodex, o el curita, al trapito en el dedo. Pero al final de todo, el cariño con el que se hace, es lo que cuenta.
P.D. Hazle un taquito con falda a tu hijo.