No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 5 años

Y DICHE UNA…Y DICHE DOS…Y DICHE…

¡Dios! Qué sufrir el mío cada mañana que tenía que llevar a mis hijos a la escuela.
Dicen que a todo se acostumbra uno, pero por más que pasaban los años, nunca, nunca de los nunca, me acostumbré a levantarme taaan temprano.
Cada mañana decía yo, ¡Dios, pero qué pecado he cometido!, levantarme de noche, aun sin luz, tratar de despabilarme, pedirle permiso a una pierna para mover la otra y noooo, casi a rastras llegaba al baño, tener que ponerme mi ropa del gimnasio he ir a despertar a mis hijos.
Nonono qué batallar!…
-Papaciiiin, ya es hora -les decía tiernamente a cada uno.
-Mfhh, bdfhhj, enshfm, fzzz -me contestaba uno.
-Bsfhh, mhp, ighjj, pzz -me contestaba el otro.
En eso me iba todavía modorra a seguir arreglándome, checaba mi tiempo y el tiempo de tolerancia de mis hijos.
Regresaba y aún seguían dormidos!.
-Ya es hora, necesito que estén listos ya -imperaba un poco.
Alistaba mis cosas del gimnasio y ya iba para abajo para hacer el desayuno y el lonch.
Pero pasaba de nuevo por su cuarto a ver cómo iban y obviooo que no estaban listos.
Así que mi dulzura como que iba…decreciendo un poco.
-¡Los quiero abajo ya!
…Hasta que después de mucho pensar en cómo poderle hacer para que mis mañanas fueran más efectivas y menos pérdida de tiempo conmigo y con mis cosas cada vez que iba a checar si ya estaban listos, opté por dejar esos despertares dulces y tiernos.
Me rehusaba realmente, porque siempre siempre los despertaba así desde chiquitos, les ponía música de Cepillín y se levantaban muy contentos.
En realidad era una dinámica muy bonita, que duró unos cuantos años, pero conforme iban creciendo y entrando a la secundaria, pues las cosas cambiaron, pues ya no eran niños chiquitos.
Así que estando ya en una nueva casa con interfón en cada cuarto, opté por darle uso…y funcionó.
Fue entonces cuando pude, hacerlos más independientes y que se alistaran sin tener que estar yendo a su recámara.
Lo único que tenía que hacer, era llamar a su recámara mientras yo ya me estaba arreglando y ellos tenían que alistarse de inmediato.
Al parecer el timbre del teléfono los despabilaba más rápido, porque ya nadie les iba a hacer cariñitos en la oreja para que se despertaran.
Y pues bueno, empecé a batallar menos.
Aún así yo seguía sufriendo con mis levantadas taan temprano. Y lo que más súper odiaba, era hacer el lonch!, por lo general lo dejaba listo en la noche para no andar a las carreras temprano, pero aún así, era hiperodioso.
Mi archienemigo era el lonch!!
No había nada peor, que ya quererte acostar y recordar de repente…¡El lonch!.
Así que desde que mis hijos estuvieron en Kinder hasta Prepa, yo sufrí y sufrí.
Era tanta mi somnolencia, que una vez me llevé un tenis de uno y otro de otro! ¡No me di cuenta!.
Ya tenía una hora en el gimnasio cuando en eso veo mis pies!, qué risa, en ese momento no sabía cómo esconderlos.
Lo que si me pasó muchas veces, fue llevarme un calcetín de un color y otro de otro, pues a esas horas de la madrugada, uno no ve muy bien si es azul o negro.
Lo que también me pasaba, es que me vestía, ya saben, de noche y con sueño y al llegar al gym, después de dejar a mis hijos, me bajaba del auto y aaachingaa!, peor que piñata! mi combinación de leggins, con top, calcetines y tenis. Cómo caja fuerte ni más ni menos.
Y sí…así fue. Que todos los días tenía que armarme de valor y decirme mentalmente…y diche una…y diche dos…y diche tres! Para poderme levantar.
Ahora gracias a Dios mis hijos están grandes y ya se mueven solos…Ohh Sii!.
Some HTML is OK