No sufrí al levantarme. No llegué tarde. No se me olvidó ningún hijo. No mandé a mi maridin al trabajo con dos yemitas. Y lo mejor de todo es que regresé al Gym y no me dolió!!

Publicado: Hace 5 años

¡AY WEY!.

Digo, la verdad no sé ni por dónde empezar, porque ya estoy como que sintiendo la presión de la mirada del señor editor que es mi papá.
Eso si, hace mucho tiempo me hubiera dicho, que me iría a embarrar un chile en la trompota.
¡Pero si yo no tengo la culpa! El Ay Wey se me saleee! Así solito! Sin pensarlo ni nada.
Lo peor del caso es que se me sale frente a quien sea y dónde sea, así sea el señor obispo, una persona importante, mi familia o mis papás!.
En el lugar más célebre, en el sitio más respetuoso, más honorable y serio.
No…mi ¡Ay Wey!, no sabe de esas cosas, no distingue raza, ni posición, mucho menos la seriedad del asunto. Simplemente, se me sale.
Y me sucede mucho cuando me caigo, o algo se cae, o me asusto, me tropiezo, o me sale algo intempestivamente.
…El otro día mi marido trajo un huacal lleno de mangos de la carretera Tampico – Monterrey y lo pusieron en la cocina. Cenamos y luego me dispuse a escoger los mangos más maduros. En eso vi moverse algo negro inmenso por fuera del huacal…era un escorpión!, ni siquiera un alacrán, era un escorpión y nunca había visto uno!.
Un reverendo y majestuoso ¡AY WEY!!!, se me salió!. Brinqué para atrás y les dije, un escorpión!.
Es curioso, pero que yo recuerde nunca he gritado de horror o espanto, de susto u lo que sea…aaaa pero eso si! El ¡Ay Wey! sale a relucir en todo su esplendor. Y cómo les dije, no distingue edades, ni nada!.
Nunca he gritado horrorizada y ese día no era la excepción. Después de batallar un rato y aventar los mangos al patio, mi esposo y mi hijo, lograron capturar al escorpión, estaba enorme!, negro negro y bueno, se lo llevaron en el huacal ya vacío y lo liberaron en el bosque.
Han de saber que no matamos a los bichos así porque si, a menos que sean cucarachas o alacranes de por aquí. Pero ese escorpión, aquí no los hay, así que se quedó a vivir en el bosque como alumno de intercambio.
…Realmente no me imagino dando clases en un Kínder saben?, imagínense, que se me caiga el pizarrón y yo grite…¡Ay Wey!, y después todos los niños diciendo eso en sus casas!, ya me hubieran corrido!.
O de monaguillo! en una iglesia, ayudando al padre a dar las hostias y zaz!, que se le caiga una y yo ¡Ay wey!!. Nooo que risa, me va a castigar Dios!.
¡Irreverente!…Pos si y qué, pero ya les dije a mis hijos, que es como si tuviera el síndrome de Tourette, se me sale y ya.
La verdad no recuerdo muchas ocasiones en las que me ha pasado, pero de que han sido muchas, si las han sido. Lo bueno es que ya me conocen y aunque me dé pena después, no deja de darles risa.
Eso si, bien machina yo, no grito ante nada, ni siquiera a la cucaracha voladora, que es lo más horrible que le puede pasar a muchos.
Imagínense, si tuviera que trabajar en cine y cada vez que me saliera el monstruo y tuviera que gritar, dijera ¡Ay Wey!. Ya me hubieran corrido tal vez…
-Ehhh!, saquen a la chisqueada con tourette!!.
Cómo diría Burro el de Shrek… soy una gatástrofe!!.
Y sí…así fue. Que espero y no me pase nada en una embajada, frente a un oficial, con algún ministro, en ningún lugar solemne, porque mi ¡Ay Wey!, no se detiene ante nada…en fin.
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